Como cada uno de nosotros, yo tengo mi propia historia. Y lo que intuyo que fueron mis primeras conexiones con el mundo artístico.

Crecí a los pies de un descampado lleno de vías férreas, con sus vias infinitas de vagones de madera y sus trenes, que llevaban a la gente a lugares desconocidos y transportaban grandes mercancías a destinos que no alcanzaba a imaginar. Era un mundo desconocido y fascinante para mi, puro misterio.

 

Me crié, en un piso de unos 50 metros cuadrados, con una mujer que hizo los papeles de madre y de abuela a la vez. Una señora con un gusto propio y la obsesión por la decoración pero con muy pocos recursos para gastar en su pasión. Los recuerdos de mi más temprana infancia son de mi abuela hablando sobre si aquel mueble quedaría mejor en una esquina o en la otra o en la habitación de enfrente, de botes de pintura dando vueltas por el hall o de mi haciendo las veces de pintor y poniendo el papel "noventero" de moda en el pasillo.

Me veo limpiando la gran lampara del salón de gotas de cristal. Gotas que, una a una y con infinita paciencia, metía en una barreño con agua y lejía para después volver a colgarlas en su justo sitio. Me acuerdo de cambiar infinitud de veces los marcos de las fotos de una habitación a otra para así sentir los objetos como nuevos y las habitaciones con un aire renovado y más fresco.

 

Me río cuando recuerdo cómo me las ingeniaba para poner una punta diminuta y un trozo de cuerda en platos con algún motivo decorativo, ya podia poner un plato disney con otro al lado de ceramica arabe que todo tenia cabida en el salón. También recuerdo cómo mi abuela reciclábamos botellas de licor por la belleza que brotaba de cada una de ellas.

A pesar de lo bonito que pueda parecer todo esto supongo que tuvo que ser difícil criar a un chaval tan rebelde como yo, un crío que un día -y con tan solo siete años-, decidió expresar su máximo nivel artístico con un bote de un litro de yodo esparcido en la pared recién pintada con la ingenua creencia de estar plasmando mi obra de arte como si fuera el mismísimo Pollock. 

 

Con los años la rebeldía fue en aumento pero el amor y los palos de esta mujer calaron muy hondo en mi y gracias a todo eso, soy lo que soy.

 

Supongo que así empieza mi aventura, mi curiosidad por el arte, mis ganas de saber y explorar el misterioso mundo que me estaba esperando.

Estes donde este,

Te quiero y gracias Upe !!